Ciudad Juárez: Otra vez la Violencia

Envuelta en una dinámica criminal, Ciudad Juárez, Chihuahua, ha vuelto a ver trastocada la tranquilidad que alcanzó luego de enfrentar una guerra. Lejos está ahora de tener la pacificación que, hace poco menos de una década, fue ejemplo de éxito policial cuando los más elevados decibeles de violencia disminuyeron. Ahora todo indica que el infierno está de regreso. 

En medio de la guerra del narcotráfico, Ciudad Juárez llegó a ser catalogado como el territorio más violento del mundo. Era epicentro de un enorme conflicto protagonizado por los cárteles de Juárez y Sinaloa, dos de los más temibles del país. 

La guerra que sostuvieron ambos grupos criminales –Juárez era encabezado por Vicente Carrillo y Sinaloa por Joaquín Guzmán Loera –dejó saldos históricos de muertos. Todos los días amanecían personas colgadas, descuartizadas o simplemente desaparecían y jamás se volvía a saber de ellas porque, según las prácticas de muerte implementadas por los cárteles, sus cuerpos eran enterrados bajo plastas de cemento o bien quemados en llantas. Todo ello, para desaparecer el rastro. 

Miles de personas salieron de ese territorio para salvar la vida. Ciudad Juárez se convirtió en una zona invivible. Fue tema a nivel internacional y a cada momento en el Congreso se operaban los llamados puntos de acuerdo para que el gobierno federal pusiera fin a esa guerra que tantas vidas cobraba. 

Ciudad Juárez fue un desafío para el gobierno de Felipe Calderónel presidente que le declaró la guerra al narcotráfico. En todo el país, como se recordará, el político panista implementó los llamados “Operativos Conjuntos” contra el crimen, pero lo único que logró fue golpear el avispero, pues no pudo frenar la violencia del crimen organizado, por el contrario, los cárteles se internacionalizaron y establecieron alianzas con otros grupos, por lo que se hicieron más fuertes y poderosos. 

Y es que después del sexenio de Vicente Fox, el narcotráfico mexicano se diseminó por todas partes. Pactó con alcaldes y autoridades municipales de todos los niveles y capturó para sus fines ilegales a los cuerpos de seguridad, hasta ahora no han podido ser rescatados. 

Pero a pesar de los operativos militares, en Ciudad Juárez fue imposible alcanzar la pacificación. 

Y ahora, después de una década de aquellos aciagos momentos, Ciudad Juárez vuelve a estar en medio de una estela de violencia que ya empieza a preocupar

Después de los hechos trágicos ocurridos con la ejecución de la familia LeBarón, perpetrada en Bavispe, Sonora –en los límites con Chihuahua –la violencia se instaló de nuevo en ese territorio del norte. 

El fin de semana fueron quemados 35 automóviles y hubo 26 personas asesinadas, lo que no se veía desde hacía tiempo y que, de inmediato, causó miedo entre la población porque revivió el flagelo de guerra y muerte que esa ciudad vivió entre 2008 y 2009. 

En esos años, la guerra por el control del territorio la encabezaron los cárteles de Juárez y Sinaloa. El cártel de Guzmán Loera peleaba por el control de esa frontera. Era uno de los objetivos que se había trazado luego de su fuga del penal de Puente Grande, Jalisco, en enero de 2001. 

Cabe recordar que meses después de escapar de la cárcel de máxima seguridad –con sorna llamado “puerta grande” –Guzmán Loera acudió a una cumbre de capos celebrada en Monterrey, Nuevo León. 

Asistieron los hermanos Beltrán Leyva. Todavía eran socios. También estuvo Ismael “El Mayo” Zambada, Juan José Esparragoza Moreno, “El Azul” e Ignacio “Nacho” Coronel. Ahí se establecieron los lineamientos a seguir para consolidar a Sinaloa como el cártel más poderoso. 

–El primer objetivo fue declararle la guerra a “Los Zetas”. 

–El segundo: acabar con los hermanos Arellano Félix, cabecillas del cártel de Tijuana. 

–Y el tercero: exterminar a los Carrillo Fuentes, quienes controlaban el cártel de Juárez. 

Todo se cumplió en dos sexenios, de 2000 a 2012. 

Al cumplimiento de estos objetivos obedecía la guerra en Ciudad Juárez, la cual duró varios años. Ese territorio alcanzó un nivel de violencia similar a los que se vivieron en Colombia en la etapa de mayor auge de los cárteles de Cali y Medellín

Ahora, la violencia vuelve a la ciudad fronteriza. Actualmente están enfrentados los sicarios de La Línea –presuntamente ya se independizaron del cártel de Juárez –y Los Mexicles, el ejército del cártel de Sinaloa. 

A este grupo el gobierno federal responsabilizó del multihomicidio de la familia LeBarón, ocurrido la semana pasada. 

También están en abierta batalla “Los Aztecas” y otro grupo al que las autoridades denominan “Los Artistas”, éste último, al parecer, es una banda que también pertenece al cártel de Sinaloa. 

El reciente recrudecimiento de la violencia llamó la atención, aunque Ciudad Juárez viene presentando un aumento paulatino pero alarmante en ese sentido: En 2018, por ejemplo, el estado de Chihuahua registró mil 440 crímenes. Actualmente van mil 269, falta muy poco para igualar la cifra del año pasado y es probable –de seguir esta tendencia a la alza –que sea rebasada. 

Todo el panorama se torna complicado porque, hasta ahora, el gobierno federal no dispone todavía de una política contra el crimen organizado confiable. 

El no uso de la fuerza del Estado –clave para desactivar a los cárteles –está detenida. “Se usará en caso extremo, será el último recurso”, sostiene el gobierno de la Cuarta Transformación, cuyo eje se basa en el combate en lo que el presidente llama “las causas”, centradas, hasta ahora, en la pobreza. No admite que las causas reales son la impunidad, la corrupción institucional y la infiltración de la estructura de poder en estados y municipios. 

Es claro que si no se dispone de la fuerza del Estado lo que impera es el poder del crimen organizado. Y este poder es más que evidente en todo el territorio, pues no sólo dominan geográficamente sino que en más del 80 por ciento de los municipios los propios criminales –o políticos ligados a los cárteles –gobiernan o legislan. 

Para enfrentarlos el gobierno debe procesar a los empresarios y políticos vinculados a las actividades criminales, declarar a la violencia del narco como actos de terrorismo y desmantelar el patrimonio de la mafia, cortarle todos los flujos financieros posibles con el objetivo de debilitarlos. 

Pero, por ahora, nada de esto se está haciendo y no parece que pase por la cabeza del presidente, quien está más ocupado atender el asilo político a Evo Morales –autor de un fraude electoral en Bolivia – que en la desgracia de México.

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Last modified on Tuesday, 12 November 2019 18:30
Ricardo Ravelo

Ricardo Ravelo es periodista desde hace 32 años. Fue reportero del semanario Proceso, donde cubrió la fuente policiaca y los temas relacionados con el crimen organizado. Es autor de diez libros en los que aborda el explosivo flagelo del narcotráfico.

Entre otros títulos, ha publicado Herencia Maldita (Grijalbo 2006); Narcomex (Debate 2012); Osiel: Vida y tragedia de un capo (Grijalbo 2009); En Manos del Narco (Ediciones B 2017); Los Zetas, La Franquicia Criminal (Ediciones B 2014); Ejecuciones de periodistas: Los Expedientes (Grijalbo 2017) y Los Incómodos I y II (Planeta 2018). Ha sido conferencista en España, Brasil, Perú y Estados Unidos.

Actualmente es director editorial del portal de noticias Contactopolítico.com y columnista del diario electrónico SinEmbargo.com.mx

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