Domina desde Tabasco hasta Baja California, el más amplio corredor de la droga y del robo de combustibles, y se coloca como la segunda organización criminal de América Latina, después del Cártel de Sinaloa.

 

A base de violencia y corrupción, amenazas vía redes sociales, uno de sus nuevos instrumentos de guerra, el Cártel de Jalisco Nueva Generación se posiciona como el segundo grupo criminal a un año y ocho meses de que el presidente Andrés Manuel López Obrador tomó el poder. Si su ascenso era fulgurante, el Cártel que dirige Nemesio Oseguera se ha convertido en amo y señor de las rutas de “El Huachicol”, pues ya domina desde el sureste hasta el norte del país. Sus tentáculos atenazan estados como Tabasco, Campeche y Quintana Roo, pero también alcanzan a Veracruz, Puebla, Hidalgo, Querétaro, Guanajuato –ya son los amos tras la captura de “El Marro"–, Jalisco, Sonora y Baja California. En esta última entidad sellaron una alianza con el Cártel de Tijuana Nueva Generación. Por si fuera poco, están presentes en la Ciudad de México, pues se asociaron con el Cártel Unión Tepito. No le ha ido mal a Nemesio Oseguera en el gobierno de la Cuarta Transformación. La política de “abrazos y no balazos” le ha permitido consolidarse como el segundo cártel más poderoso de la República mexicana.

 

Tras la caída de José Antonio Yépez, “El Marro” –jefe del Cártel de Santa Rosa de Lima– el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) se colocó como la segunda fuerza criminal del país, abajo del Cártel de Sinaloa. Sin embargo, la organización que encabeza Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, sigue conquistando territorios y actualmente ya domina un amplio corredor que abarca desde el sureste hasta el norte de la República.

Con apenas quince años de existencia, el Cártel de Jalisco irrumpió como un grupo ligado al Cártel de Sinaloa y a “Los Cuinis”, éste fue encabezado por Gerardo González Valencia, cuñado de “El Mencho”, quien purga una larga condena en el penal de Puente Grande, Jalisco, y se caracterizó por operar el narcotráfico a través de buques de carga procedentes de Europa, Asia y algunos países de América Latina como Colombia y Venezuela.

Luego de romper con Sinaloa, comenzó el ascenso de Oseguera Cervantes y su grupo criminal. Al igual que lo hicieron Los Zetas en su época, el CJNG diversificó sus actividades: puso en marcha los secuestros y a la par las extorsiones, venta de drogas químicas, robo de combustibles a Petróleos Mexicanos, entre otras, que lo comenzaron a posicionar en todo el país.

El Cártel de Jalisco, además, es el segundo más poderoso en la exportación de cocaína y mariguana a Estados Unidos. Cálculos de la DEA estiman que esa organización criminal introduce unas quince toneladas de droga trimestrales a la Unión Americana, pero el trasiego más fuerte lo realizan con las drogas sintéticas, las cuales tienen amplia demanda en Estados Unidos.

En el territorio nacional, el CJNG controla veinte entidades federativas. Antes de la captura de “El Marro”, Guanajuato fue epicentro de una lucha armada entre los cárteles de Santa Rosa y el CJNG. Además del control del mercado de las drogas, la plaza interesaba a “El Mencho” porque esa entidad está entre las más boyantes del país; es una zona comercial e industrial donde se mueve mucho dinero, nada más preciado para desarrollar una industria criminal basada en el secuestro y las extorsiones.

Pero “El Marro” no estaba dispuesto a negociar ni a dejar la plaza y decidió pelear: esto derivó en que la región de “El Bajío” se convirtiera en la más violenta del país.

Luego de la caída de “El Marro” –fue detenido en flagrancia tras el secuestro de una empresaria de Apaseo El Alto, Guanajuato, junto con cinco secuaces–, el CJNG se apoderó de esa entidad y, con ello, amplió el boyante corredor que ahora explota.

Y es que ahora el CJNG domina la ruta de trasiego de drogas y de “huachicol” más amplia de todo el territorio nacional. El grupo criminal que dirige “El Mencho” controla los estados de Tabasco y Campeche; de aquí se conecta con Quintana Roo, otro de sus feudos claves. También está posicionado en Veracruz y Puebla, zonas huachicoleras, y sus tentáculos alcanzan a Hidalgo, otro estado estratégico para el robo de combustibles, y enseguida salta a Querétaro y Guanajuato. Esta segunda entidad les interesaba porque pueden operar con todas sus actividades criminales. Sigue Jalisco, su territorio base, y continúa su red hasta los límites con Sinaloa, entidad donde no han podido penetrar por la guerra que enfrenta con Iván Archivaldo, José Alfredo y Ovidio Guzmán, hijos de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo, y con “El Mayo” Zambada, quien, según la DEA, es el verdadero líder de ese Cártel. El control territorial del CJNG sigue avanzando por todo el norte de la República y llega a Sonora y Baja California. En este segundo estado selló una alianza con el Cártel de Tijuana Nueva Generación, renovado con sangre joven, aunque sigue manteniendo ligas con la familia Arellano Félix, fundadores en la década de los ochenta de esa organización criminal.

De acuerdo con informes oficiales –incluso el presidente Andrés Manuel López Obrador pregonó en su conferencia mañanera del viernes 14 de agosto que, con la captura de “El Marro”, Guanajuato ya no ocupa el primer lugar en violencia– la estructura criminal de José Antonio Yépez Ortiz está intocada; lo mismo que su base financiera y la amplia red de clientes, principalmente gasolineros, que compraban combustible robado.

No es todo: también está intacta la base de protección política y policíaca que disponía “El Marro” para mantenerse impune en sus actividades criminales. Y, hasta donde se sabe, no existen investigaciones que apunten al desmantelamiento de este andamiaje político y criminal.

Con este crecimiento exponencial, el CJNG se colocó en la segunda organización más poderosa del país y disputa con el Cártel de Sinaloa el control de otros territorios.

Entre ambos cárteles hay marcadas diferencias. No se compara el Cártel de Jalisco con el de Sinaloa. Éste último está considerado por el gobierno de Estados Unidos como el más poderoso del planeta. El que dirige “El Mencho” tiene controles en América Latina solamente, pero continúa en ascenso.

           

El poder de “El Mencho”           

Bajo el mando de Nemesio Oseguera, el CJNG estructuró una base de operaciones en todo el Estado de Jalisco –su principal feudo–; pero su principal fuerza y poder radica en la protección oficial de que dispone. Con base en ello, se extendió a lo largo y ancho de la República, como lo demuestran los informes de la Fiscalía General de la República y la Secretaría de Seguridad Pública Ciudadana.

A lo largo y ancho del Estado de Jalisco, por ejemplo, crearon redes para la distribución de drogas, al tiempo que la estructura fue creciendo conforme las necesidades se fueron presentando. Así, el Cártel logró llevar a cabo una división muy buena de sus actividades: distribución, operaciones financieras, estructura de sicariato, relaciones públicas, alianzas con autoridades municipales y protección policíaca permanente; a fín de que el negocio no sufriera ninguna perturbación. Para todas las necesidades que surgieran tenían soluciones y hombres dispuestos para efectuar la tarea. Este modelo de operación y de negocio lo repitieron en cada entidad que fueron conquistando. Y les ha dado resultados.

Los crímenes perpetrados en Jalisco, Guanajuato y otros estados, pusieron en evidencia no sólo el poder del Cártel de Jalisco, sino la red de vínculos entre sus integrantes con altos funcionarios del gobierno y el nivel de protección que disponía el Cártel encabezado por Oseguera Cervantes.

En varias investigaciones criminales salieron a flote evidencias sobre la estructura criminal con la que cuenta el CJNG en Jalisco, donde radica su base de operaciones. Entre ellas, la que se integró en Jalisco tras el crimen del secretario de Educación Pública durante el gobierno de Aristóteles Sandoval, Jesús Gallegos Álvarez, señalado de lavar dinero para el Cártel de Los Caballeros Templarios. Junto a esto, los apoyos policíacos, el modelo de negocios y el alto nivel de infiltración que lograron durante el gobierno del priista Sandoval.

Algunos testigos que formaron parte de la organización que encabeza “El Mencho”, hablaron sobre cómo es por dentro el CJNG, cómo opera, cómo está estructurado y qué funcionarios están ligados al tráfico de drogas.

Jonathan García García, conocido como John Perro, uno de los más temibles, fue presentado ante las autoridades el 5 de mayo de 2013. En su declaración, este sujeto se autodescribió como una persona que no le gusta trabajar y da cuenta de un entorno familiar hostil; por lo que decidió involucrarse con bandas criminales.

Dijo: –“Yo viví en la colonia El Retiro de esta ciudad de Guadalajara hasta los 11 años de edad porque después me fui de la casa por problemas con mi papá, él me golpeaba mucho, decía que yo era muy desordenado y pleitista y mi madre siempre me mandaba a trabajar y ella me exigía que le entregara dinero. Los trabajos que yo tuve de niño mi madre me los conseguía en talleres mecánicos, pero mi carácter pleitista no me dejaba ser una buena persona”.

Añadió: –“Luego me recomendaron con la empresa Cártel de Jalisco, donde estuve a prueba, pero como yo siempre he tenido un intelecto muy alto comencé a encargarme de la venta de droga en los bares de la zona centro de Guadalajara y gracias a esto yo empecé a subir en la organización y me hice buen amigo de los dueños de antros y bares ya que cuando tenían broncas con el gobierno yo les apoyaba, lo cual hizo que las ventas de drogas en la zona centro de Guadalajara subieran muchísimo, ya que generaban entre 80 mil y 120 mil pesos diarios y todo eso se lo entregaba al patrón, a quien conocíamos con el nombre de Spanky, él me hacía participar en ejecuciones en Jalisco y además participaba en levantones para alinear a vendedores de droga que andaban chapulineando (brincando de un grupo a otro) , es decir, que querían brincar de cártel”.

Después de hablar respecto a los movimientos que se dieron en distintos momentos en el Cártel de Jalisco, explica en su declaración cómo está conformada la estructura del mismo. Explicó, por ejemplo, que el jefe es Nemesio Oseguera Cervantes, quien responde al apodo de “El Mencho”. Que él se encarga de controlar todo el sistema financiero de la organización en Jalisco y en los estados donde opera este cártel.

Expuso que Oseguera también controla a los grupos de choque, matones y sicarios en general, que son los que él utiliza para asesinar a rivales o a miembros del cártel que incurran en traiciones o fallas que ponen en riesgo a la empresa criminal.

En su testimonio reveló, por ejemplo, que el jefe de la plaza de Guadalajara se llama Daniel Quintero Riestra, quien, según afirma, también utiliza varios nombres falsos: Oswaldo Quintero Juárez, Erick Santiago Gómez, Heriberto González Gómez, Fernando Hernández Guzmán. Daniel, dice, también es ampliamente conocido como “El Dandy Quintero”, quien también controla la parte administrativa de la organización y tiene a su cargo el reclutamiento de personal para el Cártel de Jalisco, para la distribución de drogas, y funge como receptor de las indicaciones respecto de cuándo se debe ejecutar a un rival o a un traidor.

En su testimonio dijo, además, que debajo de “El Dandy Quintero” está su mano derecha que responde al nombre de Gregorio Pelayo Chávez, a quien en la organización se le conoce como “El Camarón”, quien fue Policía Judicial y se encarga de girar las órdenes de “El Dany” sobre las personas que ya están en lista para ser ejecutadas por los sicarios del cártel.

“El Camarón”, dice el testigo a su vez, tiene el apoyo de otro elemento que fue Policía Judicial y al que se le conoce como “El Padilla”. Este se encarga de arreglar “las brincas” del personal del Cártel de Jalisco cuando los detienen. Él es quien pasa información sobre los operativos que va a realizar la Policía en alguna de las colonias y de esa forma “El Dany Quintero” desplaza a su gente para que no los detengan.

“El Padilla” también se encarga de frenar los operativos cuando estos van a afectar a la organización. A cambio de un saludo, dice, se le entrega una suma de dinero, él detiene los operativos y los desvía para que no afecten al Cártel de Jalisco.

El otro día –refiere García García en el expediente– un miembro del cártel al que le decíamos “El Tripa” balaceó con una R-15 a uno de sus vecinos nada más porque lo volteó a ver feo. Le lesionó las piernas a balazos y al poco rato llegó gente de la policía y se los llevaron a todos detenidos, pero “El Padilla” se arregló con el Agente del Ministerio Público y así fue como dejaron libre al “Tripa”, al “Chato” y al “Paco”.

De acuerdo con el testigo, Gregorio Pelayo Chávez, “El Camarón”, tiene su grupo de choque, como se le da en llamar. Es decir: sus sicarios y de los cuales recuerda a uno que le dicen “El Cuatro”, a otros les apodan “El Gafe” y “El Nieve”, personas que, según él, son exmilitares; pero de los que desconoce sus nombres.

Refiere, además, que “El Cuatro” es quien se encarga de comprar las armas que se utilizan por parte del personal del Cártel de Jalisco en esta ciudad (Guadalajara), las cuales, según tiene conocimiento, se compran en la ciudad de México y en Toluca. Pero desconoce a quien se las compren. Y es que este grupo compra sus armas nuevas para evitar que ya traigan broncas anteriores.

 

La expansión nacional

A sangre y fuego, el CJNG se entronizó como el segundo grupo criminal más poderoso de México. Es el que mejor maneja sus estrategias de guerra y amenazas a través de las redes sociales y ya ha dado muestras de su poderío bélico, lo que quedó fuera de duda con el ataque –aunque fallido– en contra de Omar García Harfuch, jefe de la policía capitalina, el pasado 26 de junio. Un grupo armado, contratado exprofeso para tal fin, cerró el paso al funcionario cuando se dirigía a una reunión con la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum.

Aquel grupo conformado por unos treinta hombres portaban armas largas, Barrets, rifles de asalto y cuernos de chivo, AK-47, además de granadas de fragmentación.

Actualmente, el CJNG ha sentado sus reales en la Ciudad de México, uno de sus nuevos territorios conquistados gracias a la alianza que selló con el Cártel Unión Tepito, el mejor organizado de la capital del país.

A lo largo de un año y ocho meses de gestión gubernamental, la administración de Andrés Manuel López Obrador ha descabezado a dos cárteles: A “Los Rojos” con la aprehensión de Nazario Mazari, “El Carrete”, y al Cártel Santa Rosa de Lima con la captura de su líder, José Antonio Yépez Ortíz, “El Marro”.

El resto de los grupos criminales siguen intocados y en expansión, como es el caso del CJNG.

           

 

 

Como jefe del Cártel de Sinaloa, Joaquín Guzmán Loera expandió sus redes a varios países del mundo. Hoy, a pesar de estar preso, su organización es líder mundial en el tráfico de drogas. Durante su etapa de esplendor la DEA documentó sus andanzas en México y fuera de México, como cuando un día se montó en una cuatrimoto y transitó por céntricas calles de la ciudad de Durango. Las Cámaras de Seguridad filmaron al hombre más poderoso del narco y las autoridades pudieron conocer que “El Chapo” se había hecho una cirugía plástica que lo hacía lucir más joven. La extinta PGR logró hacer un retrato psicológico del narcotraficante, el único que se conoce, y cuyos pormenores aquí se describen. Así fue la vida de Guzmán Loera, el narcoempresario más poderoso de los últimos veinte años, cuyo legado –el cártel de Sinaloa– sigue de pie ahora liderado por sus hijos Jesús Alfredo, Iván Archivaldo y Ovidio Guzmán e Ismael “El Mayo” Zambada. Sinaloa actualmente es el cártel menos molestado por el gobierno federal, a tal grado, que se afirma que es el grupo criminal consentido del poder central.

 

Desde su captura, en 1993, Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, arrastró la mala fama de ser traicionero, amante del dinero y de las mujeres hermosas, pero lo cierto es que el exjefe del Cártel de Sinaloa también resultó ser un empresario boyante en el mundo del narcotráfico, posición que consolidó de 2002 a 2014.

Desde que se fugó del penal de Puente Grande, Jalisco, de donde se escapó con una peluca rubia y lentes oscuros, El Chapo Guzmán se trazó la meta de consolidar al Cártel de Sinaloa como la organización criminal más importante del continente. Y lo logró.

Ninguno de los capos que lo antecedieron alcanzaron tal posición: Miguel Ángel Félix Gallardo –mentor de Guzmán Loera– llamado en los años ochenta el capo de capos, se conformó con dirigir al Cártel de Guadalajara y alcanzó notoriedad por su gran poder corruptor y su capacidad para establecer alianzas entre grupos antagónicos. Sin embargo, cayó en desgracia al arrancar el sexenio de Carlos Salinas en 1989: fue detenido junto con Ernesto Fonseca Carrillo, “Don Neto”, y acusados de narcotráfico y del asesinato del agente de la DEA, Enrique Camarena Salazar. En este crimen también participó Rafael Caro Quintero, quien fue capturado en Costa Rica, a donde había huido junto con su amante Sara Cosio, sobrina de Guillermo Cosio Vidaurri, exgobernador de Jalisco.

Amado Carrillo Fuentes, El Señor de los Cielos, fue el capo más aventajado en el último sexenio priísta, el que encabezó Ernesto Zedillo, pero sucumbió en su intento por internacionalizar al Cártel de Juárez, cuyas raíces llegaron a Sudamérica. Carrillo Fuentes fue declarado oficialmente muerto en 1997. Hasta la fecha se duda que haya fallecido, como se dijo, tras someterse a una cirugía plástica y una liposucción en la clínica Santa Mónica de la Ciudad de México porque, extrañamente, los médicos que lo operaron aparecieron muertos en la carretera que lleva a Acapulco, conocida como autopista del Sol. La policía halló los cuerpos dentro de unos tambos. Estaban descuartizados. ¿Por qué fueron asesinados? ¿Acaso Amado Carrillo sobrevivió y ellos eran los únicos testigos?

En la era panista, que comenzó en el año 2000 con la derrota del PRI en las elecciones presidenciales, Joaquín Guzmán Loera trazó su ruta de éxito en el mundo criminal desde los primeros meses de libertad, allá por el mes de abril del año 2001.

Tan pronto se sintió libre y protegido, El Chapo convocó a una cumbre de capos en Monterrey, Nuevo León, a la que asistieron los hermanos Beltrán Leyva, Juan José Esparragoza Moreno, El Azul; Ignacio Nacho Coronel, e Ismael Zambada García, El Mayo, entre otros.

El objetivo: planear la expansión del Cártel de Sinaloa en todo el territorio nacional y más allá de éste. Aquel plan, el cual está detallado en la averiguación previa PGR/SIEDO/UEIDCS/106/2005, tenía como puntos torales acabar con la hegemonía de la familia Carrillo Fuentes, exterminar al Cártel de Tijuana y debilitar al grupo armado Los Zetas. Dos décadas después, el proyecto está consolidado: los Carrillo Fuentes y el Cártel de Tijuana están debilitados y su radio de acción se limita a una pequeña región del norte del país, en tanto que el debilitamiento de Los Zetas –hoy Cártel del Noreste– llega al grado de que ese grupo está casi extinguido debido a los embates del Ejército Mexicano y la Marina.

En esta guerra también fue determinante la participación de Los Mata Zetas, grupo paramilitar que presuntamente forma parte del Cártel de Jalisco Nueva Generación –el que encabeza “El Mencho”, quien actualmente es el amo y señor en una veintena de estados en la República mexicana y controla, además, las rutas del “huachicol”, el robo de combustibles a Petróleos Mexicanos–.

Este grupo de Los Mata Zetas, de acuerdo con versiones extraoficiales, pudo haber sido creado por las propias fuerzas del Estado. El objetivo: limpiar las plazas que el Cártel de Sinaloa pretendía ocupar desde entonces.         

 

Las debilidades de El Chapo

En su nueva y más boyante etapa como capo, Guzmán Loera dio rienda suelta a sus placeres, los cuales disfrutó tanto como la impunidad que lo cobijó durante varios años.

A Guzmán Loera le gustaba la buena vida, el dinero y las mujeres, según está asentado en la averiguación referida. Pero su gusto por esos placeres no era nuevo en la personalidad de quien por doce años fue el jefe del Cártel de Sinaloa. Tales características salieron a relucir en el perfil psicológico elaborado en 1993 por la PGR, en cuyo estudio destaca que “es proclive a la traición, le gusta el poder y ejercerlo, aunque presenta baja tolerancia a la frustración”.

Por ejemplo, tras ser detenido en 1993 –en medio del escándalo por el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo– salió a flote información respecto a que El Chapo Guzmán poseía en ese tiempo unas 27 cuentas bancarias, tres aviones ejecutivos, múltiples empresas operadas con testaferros, y varias mujeres.

Aunque en 1977 se había casado con María Alejandrina Guadalupe Salazar Hernández, también conocida como Lucía Silva Muñoz, o con los nombres de Mayra Alejandra Casas Saldaña, Alexis García de Alba Michel y/o Isela Lomeli de León. Con ella procreó cinco hijos: César, Alejandrina Gisell, Iván Archivaldo, Jesús Alfredo y Claudete Ilene, según establece una ficha criminal elaborada por la Secretaría de Seguridad Pública Federal.

En los gobiernos panistas Guzmán Loera tuvo, como pocos, la libertad de acción. Actualmente el Cártel de Sinaloa, la empresa criminal que impulsó, tiene ramificaciones por todas partes. Dentro del territorio nacional, El Chapo Guzmán aplicó la estrategia, cuando estaba en libertad, de aliarse con otros grupos para ir alcanzando mayor poder y eliminó a los rivales que le estorbaban en sus planes de crecimiento.

Tanto la Drug Enforcement Administration (DEA), la agencia antidrogas estadunidense, como la extinta PGR, documentan que la llamada narcoempresa encabezada Guzmán Loera es tan poderosa como grande en su estructura.

El Cártel de Sinaloa no es una empresa criminal piramidal sino horizontal: está asociado a La Familia Michoacana, al Cártel del Golfo desde 2007, y en su momento se alió con dos ramajes que hicieron las veces de grupo armado –La Residencia y el Cártel de Guadalajara Nueva Generación– con asiento en el Estado de Jalisco. Todo el corporativo Sinaloa domina 25 estados de la República. Y en el mundo está presente en más de cien países.

Pero eso no es todo: El Cártel de Sinaloa también se afincó en Centro y Sudamérica, hacia donde ha exportado violencia e inestabilidad, pero también ha inyectado buena parte de su capital financiero en bienes raíces y compra de tierras, entre otros negocios.

Desde el 2005, el Cártel de Sinaloa y sus aliados comenzaron a controlar el negocio del transporte de drogas desde Colombia hacia México, pues los capos colombianos abandonaron esa actividad y prefirieron quedarse con el suministro de drogas, el cual realizan desde Colombia. Pero también desde Perú, Venezuela, Panamá o Costa Rica, países en donde están diseminados varios cárteles.

De acuerdo con la DEA, El Chapo Guzmán controlaba todo el transporte de drogas –y precursores químicos– que eran traídos de Argentina, Uruguay, Paraguay, Colombia; y a lo largo de la región dispuso de varias bodegas para almacenar estupefacientes. Las últimas terminales están en Costa Rica y Guatemala. De ahí cruzaban los cargamentos por Chiapas hacia cualquier punto del país para luego ser introducidos a Estados Unidos. Esta ruta está vigente y sigue siendo muy explotada por los cárteles, en particular, Sinaloa y Golfo.

Pero la visión empresarial de Guzmán Loera apuntó más lejos. Reportes de inteligencia mexicanos y estadunidenses no sólo lo ubicaron en Argentina, donde vivió algún tiempo, sino también en Europa. Particularmente en Reino Unido y España, hasta donde el Cártel de Sinaloa exporta sus productos: cocaína y drogas sintéticas, entre ellas, el Fentanilo.

Joaquín Guzmán Loera, quizá la versión mejor moldeada del llamado narcoempresario, bien pudo ser considerado, con base en antecedentes, como el capo que más aprovechó la dinámica de la globalización del tráfico de drogas en el mundo.

 

Dominio territorial

Después de varios años de batalla por parte del gobierno contra el crimen organizado, la organización de Sinaloa controla casi todo el territorio nacional y sus principales rivales son Los Zetas, ahora autodenominados Cártel del Noreste. Con el resto de los grupos criminales –incluido el de Juárez, su acérrimo rival– cesó la confrontación desatada por la disputa de Ciudad Juárez, la frontera más codiciada.

Actualmente, los hombres que dirigen al Cártel de Sinaloa son sus hijos Iván Archivaldo, Jesús Alfredo y Ovidio Guzmán; así como Ismael Zambada García, “El Mayo”, el verdadero jefe del grupo criminal según la DEA. Siguen teniendo refugios en Centroamérica. La mayoría de los actuales operadores, quienes lo sustituyeron tras su aprehensión en 2014, se mueven por los estados de Coahuila, Sonora, Chihuahua, Michoacán, Veracruz y Tamaulipas; sin que ninguna autoridad los pueda detener.

El Chapo se dio varios lujos cuando gozaba de libertad y uno de ellos fue la impunidad, con la que disfrutada al máximo.  Tal era la protección que tenía del gobierno que hasta se exhibió, en una ocasión, montado en una cuatrimoto y transitar por céntricas calles de la ciudad de Durango.      

Este hecho fue filmado por las cámaras de la Secretaría de Seguridad Pública, con cuyas imágenes la extinta PGR pudo confirmar que el entonces jefe del Cártel de Sinaloa, con una edad entre los 53 y 55 años, tenía una fisonomía fresca, sin arrugas, producto de las cirugías plásticas a las que se había sometido.

Boyante como empresario del narco y poderoso en el mundo criminal, Guzmán Loera tenía puestos los reflectores internacionales y hasta se dio como un hecho que pronto podía terminar su hegemonía. Sin embargo, mientras más se especulaba respecto a su presunta caída, el Cártel de Sinaloa se afianzaba como el grupo criminal no sólo más poderoso de México, sino uno de los mejor consolidados en el mundo. Durante los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón –ambos panistas– el capo no fue perseguido.

Tuvieron que pasar varios años para que El Chapo fuera capturado. Y ello se pudo lograr debido a la presión internacional, particularmente del gobierno de Estados Unidos. Sin embargo, ahora que está preso, su organización criminal sigue tan próspera como cuando él era libre y era el jefe máximo.

Cabe recordar una frase que “El Mayo” Zambada le dijo a Julio Scherer cuando el fundador del semanario Proceso y uno de los periodistas más influyentes de la última mitad del siglo XX lo entrevistó en la Sierra de Sinaloa:

Si yo muero o me detienen, todo seguiría igual.

 

Guzmán Loera purga hoy una cadena perpetua en una cárcel de Estados Unidos.                                                  

 

           

Primero lo investigaron por la compra de una residencia, luego por un enriquecimiento de poco más de 34 millones de pesos –incremento en su patrimonio que, según la Secretaría de la Función Pública, no declaró–. Y ahora, diecinueve de sus más cercanos colaboradores, que lo acompañaron en la Secretaría de Gobernación y en las tareas de seguridad, son buscados por la justicia dentro y fuera de México.

Las órdenes de aprehensión libradas son por los delitos de delincuencia organizada y operaciones con recursos de procedencia ilícita. La lista de exfuncionarios alcanzó a Jesús Orta Martínez, quien fungió como Secretario de Seguridad Pública Ciudadana en la Ciudad de México –sustituido por Omar García Harfuch–; también a Frida Martínez Zamora, quien durante el gobierno de Enrique Peña Nieto despachó como Secretaria General de la Policía Federal.

Sin duda, en estos casos también se investigan nexos con el narcotráfico y el lavado de dinero. Es público que, cuando Osorio Chong fue Gobernador de Hidalgo, el Cártel de Los Zetas se posicionó en ese y otros estados de la República. En esa entidad vivía nada más y nada menos que Heriberto Lazcano Lazcano, el jefe máximo de Los Zetas, durante años brazo armado del Cártel del Golfo.

El caso de Orta Martínez es significativo. Según la Jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, desde hace tiempo se sabía que el entonces funcionario era investigado a nivel federal por presuntos nexos con el crimen organizado. Por esa razón –dijo– se le pidió la renuncia. Su lugar fue ocupado por Omar García Harfuch, otro personaje plagado de claroscuros que también ha sido señalado de tener nexos con el crimen organizado. El 26 de junio pasado fue atacado a tiros por un comando que, según el propio funcionario, forma parte del Cártel de Jalisco Nueva Generación.

Las investigaciones sobre los excolaboradores de Osorio Chong, de acuerdo con datos consultados en la Fiscalía General de la República, son por la presunta responsabilidad en el manejo de contratos y servicios, y por la compra con sobreprecio de equipo de espionaje en la ya desaparecida Comisión Nacional de Seguridad, durante el gobierno de Enrique Peña Nieto.

También existen faltantes de dinero detectados, en su momento, por la Auditoría Superior de la Federación. Las denuncias fueron presentadas por el Secretario de Seguridad Pública Ciudadana, Alfonso Durazo, y en ellas se incluyen datos y evidencias respecto a irregularidades en la adquisición de vehículos, uniformes, armas y tecnología.

Ahora que las órdenes de aprehensión ya fueron libradas, se sabe que la mayoría de los exservidores públicos ya no están en el país: presuntamente huyeron cuando se enteraron de que el gobierno de la Cuarta Trasformación iba por ellos.

La lista de imputados es la siguiente: Carlos Hipólito Rivera, elemento de la Guardia Nacional hasta hace unos días; Eleuterio Enríquez Pérez Romero, Everardo Guzmán Linares y Federico Emilio Metzger Sánchez Armas, éste también vinculado a Osorio Chong.

Otros imputados son: Francisco Javier Cruz Rosas, Oswaldo Martínez Hernández, Leonel Ignacio Orozco Padilla, Leopoldo Martínez Escamilla, Ramón Jesús Sánchez Cañedo, Jorge Carlos Ruiz Alavez, Édgar Ulises Calderón Luna, Israel Luna Espinoza, José Manuel Correa Flores, María Eldy Sosa Calderón, Verónica Tlahuitza Pérez, Carmen Patricia Quiñones Piña y Mercedes Hernández Rodríguez.

El único que falta en la lista es el senador Miguel Ángel Osorio Chong, personaje que, por ahora, sólo está siendo investigado por la Secretaría de la Función Pública por un incremento patrimonial, hasta ahora no justificado –según la versión oficial– de 34 millones de pesos y la compra de una residencia cuyos fondos, de acuerdo con la indagación, presuntamente no fueron reportados.

 

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