El desertor sospechoso

October 25, 2019

En el control de daños tras el “jueves negro” de Culiacán, la comandancia de la tercera región militar con sede en Mazatlán, hizo un acopio de información donde un dato, entre muchos otros, llamó la atención. Se trató del perfil de un desertor de la tercera brigada de Policía Militar con cuartel en el Sauz, base localizada a las afueras de la capital sinaloense en la sindicatura de Costa Rica.

De tiempo atrás desde que Joaquín “el Chapo” Guzmán se encumbró a finales de los años ochenta y principios de los noventa como un traficante de drogas destacado, en su escolta siempre tuvo a militares retirados o desertores. A partir del año 2001 cuando se fugó por primera vez del penal de Puente Grande en Jalisco, sus principales guardaespaldas volvieron a ser militares.

 La versión que circuló horas después de la liberación de Ovidio Guzmán López, tras su captura por parte de elementos de la Guardia Nacional y de la Policia Ministerial Militar, fue que uno de los escoltas de los hijos del Chapo es un militar desertor.

Fotos y nombres comenzaron a circular durante el viernes y todo el fin de semana de un individuo que aparece con uniforme verde olivo, en algunas imágenes portando un radio, y en otras fusiles de asalto. El nombre con el que se le identificó fue “Pepe Sierra”.

De acuerdo a varias fuentes militares su nombre real es José Adolfo Medrano, es soldado y perteneció al séptimo batallón de Policía Militar con cuartel en el Saúz. De hecho varias de las fotos que circulan en redes están tomadas dentro de estas instalaciones.

Mas allá de especulaciones que le atribuyen preparación especial para ser instructor en adiestramiento a las milicias del cartel de Sinaloa que tomaron Culiacán aquella tarde, Medrano tiene otro tipo de conocimientos. Y son los básicos que posee cualquier Policía Militar como el manejo de armamento individual, defensa personal, empleo del tolete, uso de equipos químicos como granadas de humo, lacrimógeno, gas pimienta y control de disturbios civiles.

Si bien el empleo táctico de las milicias armadas del cartel logró sitiar las principales entradas a Culiacán en poco tiempo, mientras de forma paralela se llevaba a cabo un bloqueo de los puentes y avenidas que comunican la ciudad con el sector Tres Ríos donde se suscitó el tiroteo tras la captura de Ovidio, hubo un hecho que golpeó en la parte mas sensible a los militares. Y este se la atribuye a la información que habría proporcionado Medrano.

Como Policía Militar otra de sus labores era realizar recorridos de supervisión de las patrullas de seguridad que incluyen unidades habitacionales militares. Solo alguien que conoce cuanta gente está de guardia, el tipo de armamento que usan y los horarios de cambio del personal que resguarda donde viven las familias de los soldados, pudo haber orientado la decisión para que el narco atacara este lugar.

El ataque a la zona habitacional militar, las amenazas de asesinar mujeres, niños, y a un pelotón de soldados que habían sido tomados como rehenes, fue parte de los motivos por los que se tomó la decisión de liberar a Ovidio.

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